Al leer el artículo el otro día, me encontré con esta cita que creo que resume a la perfección cómo debe ser el maestro. En mi opinión, estos párrafos sintetizan la vocación necesaria para esta profesión:
"Innovador es el docente que disfruta
dentro del aula enseñando y logra que algunos se contagien de esa pasión por
renovar el conocimiento, como quien contagia la risa a otros con su risa.
Innovador es el docente que es capaz de dedicar
mucho tiempo en olvidarse de las modas pedagógicas y dejarse guiar por su
sentido común pedagógico sobre cómo lograr que el aprendizaje genuino
efectivamente se logre.
Innovador es el docente que es capaz de mostrar a otros cómo enseña y sentirse orgulloso de su creación efímera, tan efímera como la repostería.
Innovador es el docente aficionado a ello, que hace de la innovación una forma de enseñanza cotidiana, que estudia y que necesita nutrirse de la historia de la educación reciente y remota para saber lo que otros ya han pensado y han hecho en las aulas.
Innovadores fueron los docentes que rescatamos en la memoria de la escolaridad. Son aquellos pocos docentes, entre tantos, que guardamos en algún rincón de los recuerdos, cuya pedagogía puede definirse con rasgos claros." (Libedinsky ,2001, p.37)
Innovador es el docente que es capaz de mostrar a otros cómo enseña y sentirse orgulloso de su creación efímera, tan efímera como la repostería.
Innovador es el docente aficionado a ello, que hace de la innovación una forma de enseñanza cotidiana, que estudia y que necesita nutrirse de la historia de la educación reciente y remota para saber lo que otros ya han pensado y han hecho en las aulas.
Innovadores fueron los docentes que rescatamos en la memoria de la escolaridad. Son aquellos pocos docentes, entre tantos, que guardamos en algún rincón de los recuerdos, cuya pedagogía puede definirse con rasgos claros." (Libedinsky ,2001, p.37)
Artículo: Libedinsky, Marta (2001, a). La innovación en educación vista desde diferentes perspectivas. En Libedinsky, M. (2001). La innovación en la enseñanza. Diseño y documentación de experiencias en el aula. Argentina: Paidós, pp. 17-26.
Según dicha cita,
en primer lugar el docente debe ser una persona que disfrute dando clase. Por
tanto, todos esos profesores a los que el mal humor se les notaba desde el otro
lado del pasillo no tienen cavidad aquí.
Además, su labor es
contagiar la pasión por aprender a sus alumnos. El problema es: ¿cómo van a
contagiar esa pasión si carecen de ella? Muchos docentes valoran incluyen en
los criterios de evaluación el interés del alumnado en su asignatura. Sin
embargo, pienso que debería ser al contrario, los alumnos tendrían que valorar
el interés que el profesor consigue suscitar en ellos, puesto que ese es su
trabajo.
Por otro lado, el
profesor ha de tener su sentido común pedagógico.
Con sentido común pedagógico
creo que se refiere a desarrollar una metodología personal, una manera de
enseñar propia. Esta metodología se crea revisando las numerosas teorías
pedagógicas, sus pros y contras y tomar de ellas los aspectos que creemos
adecuados; no por moda, sino porque estamos de acuerdo con lo que proponen.
El problema
surge cuando los profesores están anclados en el modelo tradicional, bien
porque es más cómodo o porque siguen el dicho de: más vale bueno conocido que
malo por conocer. Cuando ocurre esto, los profesores que sí quieren poner en
práctica la metodología en la que creen han de tener la suficiente personalidad
como para no dejarse llevar.
Como mi profesor Don Enrique que me dio clase en tercero y cuarto del cual guardo muy buenos recuerdos. Era muy cariñoso y atento con nosotros, estaba siempre disponible para cualquier problema que tuviéramos aunque no fueran temas académicos. En esos cursos, yo en los exámenes me ponía muy nerviosa y muchas veces suspendía por esa razón. Sin embargo, cuando mi profesor se dio cuenta, comenzó a sentarse al lado mía en los exámenes tranquilizándome. Gracias a esos consejos conseguí superar ese miedo a los exámenes que me hacía ponerme más nerviosa.
También me viene a la memoria mi profesora de primero y segundo de primaria, Josefa. Recuerdo que nos decía que nosotros eramos sus pollitos y que ella nos iba a cuidar. Nos trataba como si fuésemos sus hijos. Ella me enseñó a escribir correctamente, ya que era algo que me costaba mucho y consiguió que me encantara. Para ello utilizaba juegos en los que tenía que hacer cosas como completar un cuento, de esta forma mejoraba la ortografía y la forma de escribir leyendo y después lo ponía en práctica redactando.
No comments:
Post a Comment